Cada año, todas las familias se reúnen para celebrar la navidad. Los niños esperan con ansias sus juguetes y los adultos se reparten presentes entre sí. Todos esperan el momento de abrir sus regalos tras la cena navideña, pero ¿cuántos se acuerdan de Jesús?
El consumismo hace presa de la sociedad y todos corren por alcanzar las mejores ofertas y el mejor regalo. Muchos se alegran por lo recibido y otros quedan con sus manos extendidas sin recibir nada, y todos nos olvidamos de Jesús.
Este 24 de Diciembre recién pasado, nos reunimos en torno a una fiesta especial, nos reunimos para celebrar al único que es digno, Jesús. Entre cánticos navideños que nos recuerdan la historia de aquel que siendo rico se hizo pobre por amor a nosotros, vivimos una noche buena más en nuestro templo.
Los distintos grupos de la iglesia tuvieron una participación especial con el fin de adorar a Cristo. Las dorcas, los niños y la juventud elevaron sus voces en agradecimiento al cielo por enviar la salvación al mundo.
Vivimos momentos especiales en compañía de Dios e incluso al término de esta reunión, recibimos un pequeño obsequio, muestra del amor de Dios hacia cada uno de nosotros.
Es necesario recordar que el verdadero sentido de esta celebración es dar gracias a Dios por enviar a su hijo Jesús a la tierra para que diera esperanza a los hombres. Por tanto, el único que merece todo reconocimiento y adoración es Cristo.
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