Existen múltiples respuestas a esta sencilla pregunta. Eso por eso que hoy amado lector, deseamos que conozcas el verdadero sentido y la razón fundamental de la existencia de esta solemne fecha, en la cual reunimos a familia y amigos, y compartimos afianzando lazos de amor y hermandad.
Es difícil pensar que la navidad no tenga otro valor que el de los números, el de las múltiples luces, los ornamentos de las casas y calles, la música típica de estas fechas, los interminables anuncios de televisión, y sobre todo, una actividad agitada de carácter puramente comercial.
Para mucha gente la fiesta de la navidad es la más entrañable por su fuerza evocadora de recuerdos y reencuentros familiares. Para otros, es tiempo de fiesta, de diversión, de comer sin freno, es una exhibición de folklore sensual y consumista que oculta el verdadero significado de la navidad.
Por su supuesto para muchos estas fechas carecen de valor religioso.
Sin embargo muchos olvidan que la Navidad es el tiempo cuando conmemoramos el nacimiento del salvador enviado por Dios para alabanza de su gloria y promesa para la humanidad.
Es nacimiento:
La Navidad es la temporada en que la Iglesia acordó conmemorar el nacimiento de Jesús en Belén, la ciudad del antiguo Rey David.
Celebramos el hecho palpable del nacimiento de Jesús como hombre, hijo de María de Nazaret, recalcando el carácter histórico del evento de Cristo.
Junto con el símbolo histórico del nacimiento del redentor es que consideramos también a la navidad como una instancia de reflexión. Es tiempo de considerar la profundidad del evento de la encarnación de Dios en Cristo, del regalo de salvación que nos hizo Dios al darnos a su hijo.
Esta reflexión debe confrontarnos con nuestra propia situación; debe llevarnos a preguntarnos si hemos tomado la decisión correcta respecto aquel niño que irrumpe en la historia con anuncio angelical y que más tarde moriría en la cruz por nuestros pecados y que al tercer día resucita para darnos esperanza de vida eterna.
Para María supuso un acto de recogimiento y meditación, mientras que para los pastorcillos fue motivo de alegría, gozo y alabanza. Por otra parte la respuesta de los magos que se expresa en ofrenda y regalos. Sin embargo no fue así la respuesta del mesonero el cual no tenía lugar para albergar tan maravilloso acontecimiento y de Herodes quién en su temor a ser remplazado, o dejar de ser rey, al verse burlado o evitado por los magos, decidió matar a todos los niños, para acabar con el verdadero rey de los judíos.
Es entonces que el nacimiento de Jesús en Navidad, puede y debe suponer el nacimiento de Cristo en nuestro corazón.
Y así como es nacimiento, también la Navidad es alabanza
El cántico de los ángeles al nacer el Dios-ser humano fue “Gloria a Dios en las alturas”, ensalzando así el nombre del Dios de Israel. Esto fue así porque el nacimiento de Cristo es también alabanza.
Es alabanza porque Dios nos eligió “en él antes de la fundación del mundo”, “para alabanza de la gloria de su gracia”, como dice la Epístola a los Efesios.
El propósito para el cual Dios ha elegido manifestarse en la historia es darse a conocer a la humanidad. Desde el principio, la Biblia nos muestra que Dios hace cosas “para que sepan que yo soy Dios”, como afirman continuamente los profetas.
Ahora bien, conocer a Dios es alabarle; postrarse ante sus pies; entregarse o rendirse a la divinidad. Conocer a Cristo es dejarle nacer en nuestro corazón, por eso, ese nacimiento que celebramos en Navidad implica alabanza en acción de gracias por el “Don inefable” (II Corintios 9.15) que Dios nos ha dado en el amado.
Nuestra alabanza es cántico de redención que sale de nuestros labios, desde lo profundo del corazón. Cántico porque hemos sido transformados por los portentosos actos de Dios para con nosotros. Cántico como el de Apocalipsis 1, que dice: “Al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre; y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios su padre, a él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén (Apocalipsis 1.5b-6). Una redención tan grande que aún abarca la naturaleza, la cual “gime” y “sufre” dolores de parto (Romanos 8.19-23) esperando la manifestación del amado.
Y finalmente la Navidad es promesa, una promesa de Redención
Manifestación que aguardamos “porque nuestra redención es en esperanza” (Romanos 8.24). Por eso el cántico de los ángeles también decía “paz a los hombres de buena voluntad”, porque la Navidad es promesa.
La navidad es promesa cumplida: es el niño que “nos es nacido” de Isaías 9; el rey que iba a nacer en Belén según Miqueas 5; el Mesías que vendría humilde de acuerdo a Zacarías 9.
La Navidad es promesa abierta al futuro: Es promesa de salvación, de Emmanuel, de Dios con nosotros en Cristo, en el poder del Espíritu Santo que trae a nuestras vidas redención y paz.
“Esta es entonces la grata invitación; Celebremos, pues, la liberación y redención que viene por la promesa dada por Dios a través del Salvador que puede y debe nacer hoy en tu corazón.”
¡Dios te Bendiga!